Reflexión sobre los casos expuestos en el módulo 2
Una vez leídos los cuatro casos propuestos y toda la documentación que he podido, he de reconocer que hay muchas cosas que se me escapan, sobre todo cuando se habla de estudios sociométricos y demás. Entiendo que la herramienta debería ser algo flexible que cada uno configurase según su situación para hacerla más efectiva. Por ejemplo, la pregunta sobre la elección de compañero de mesa habría que adaptarla o cambiarla si la metodología didáctica utilizada en cuanto a la organización del aula es otra distinta (mesas individuales, o dispuestas en círculo para trabajo en grupo o debate…). Me llama también la atención en los dos primeros casos (víctima pasiva y víctima activa) que los informes dicen prácticamente lo mismo y aplican la misma receta (con mínimas diferencias respecto a la actitud del acosado), buscando siempre evitar las ocasiones en las que el acosador crea sentirse impune (evitar ir solos por sitios poco frecuentados…).
He elegido el caso 4 por la importancia que tiene detectar a tiempo una situación de riesgo para trabajar en su prevención y solución, y porque supone un reto para mí intentar comprender la información que facilita el sociograma.
ANÁLISIS DEL CASO 4 DEL MÓDULO 2 (DETECCIÓN TEMPRANA)
Breve descripción del problema. La dificultad en este caso está en determinar si se trata de acoso, atendiendo a los tres criterios básicos (reiteración, intencionalidad y desequilibrio de poder), o si puede derivar en él. Estamos partiendo de los resultados de un test en el que tres alumnos (testigos) indican que un compañero puede estar siendo acosado. En la página 1 el informe ya advierte que la información obtenida es orientativa y debe ser contrastada. Sin embargo, el hecho de que tres testigos señalen los problemas del grupo hacia uno de sus compañeros es lo suficientemente serio para que, de una forma discreta, se comience con el protocolo de inspección educativa para averiguar primero el alcance e intervenir después.
Echo de menos parte del informe que dice haber un testigo de otro posible caso pero en la documentación no aparece por ningún lado.
Situación de la clase y sus alumnos. En un grupo de 31 alumnos con un 45% de chicas y una edad media de 15 años (probablemente 4ºESO) dicen sentirse bien, con bastantes amigos, pero reconocen que hay algunos conflictos en clase y que la falta de cierta tranquilidad y orden hace algo difícil estudiar. Todo esto, aunque parecen ser datos estadísticos fríos, sin importancia aparente por resultar desgraciadamente cotidianos, nos está diciendo que hay cosas que mejorar en el clima del aula para que el estudio sea placenteramente posible. La edad nos indica que llevan varios años en educación secundaria y se ha debido tener la oportunidad de trabajar con ellos distintos programas de prevención y de mejora de la convivencia. El que casi la mitad sean chicas, si miramos estadísticamente los comportamientos en situaciones de acoso, nos hace suponer que hay la misma probabilidad de encontrarnos tanto violencia física, como otras conductas de rechazo más elaboradas. No obstante, debemos mirar con optimismo que cinco alumnos son considerados por sus compañeros como los referentes amables y respetuosos que ayudan a los demás (pro-sociales), siendo tres de ellos chicas. Para aplicar actividades de ayuda entre iguales van a resultar muy necesarios en el grupo (aunque no debe ser exclusivo de ellos) y será suficiente con que cada uno ejerza una influencia positiva sobre seis compañeros.
Por otro lado tenemos la situación del compañero señalado como posible víctima (aunque no se facilita autoinforme) donde, en opinión de los tres testigos, muy pocas veces ha sufrido maltrato físico, pocas veces ha sido insultado, intimidado o molestado en persona o por medio de las TIC, y alguna vez más sí que es más notorio el rechazo, aislamiento y que hablen mal de él (el alumno 3). También en su opinión le ven con un solo amigo, problemas para defenderse, discutiendo bastante aunque no le gusta mucho llamar la atención, y lleva todo esto un poco mal. Lo ven bastante diferente, poco tranquilo y algo tímido. Ante esto último es fácil pensar en la posibilidad que pueda haber algún tipo de trastorno (TDAH) que habrá que comprobar, y que esta diferencia pueda estar (entre otras cosas) en el origen del conflicto.
Aunque no hay gran número de conductas agresivas, el rechazo (que siempre es intencionado) sumado a la apreciación de unas diferencias donde, en función de la autoestima (que no se proporciona en el sociograma), pueden suponer un desequilibrio de poder o de posición dentro del grupo, nos hace pensar en el acoso como una posibilidad real.
A continuación pongo la gráfica para tener a la vista más aspectos que me llaman la atención.
El alumno 6 (que no está incluido en ningún subgrupo), y la alumna 7 (que si lo está) tienen mayor rechazo que el alumno 3 y no han sido señalados; ¿Quizá por no ser tan distintos como el alumno 3? Para mi están también en riesgo potencial.
Propuesta de intervención. Partiendo de la base de que todos somos distintos, el hecho de que se hayan fijado en la diferencia del alumno 3 puede indicar que hay algún aspecto físico o de su personalidad que llama mucho la atención y por tanto habría que comenzar por ahí.
1- Investigar los orígenes del rechazo. La labor del tutor es importantísima. Debe interesarse por las necesidades, aspiraciones y problemas de sus alumnos ganándose su confianza para que se sientan su cercanía y se atrevan a pedir ayuda o consejo. Hay que buscar momentos para hablar con ellos, hacer actividades en tutoría encaminadas a conocerse, trabajar la empatía, tolerancia, no prejuzgar… Debe hacerse con todos, pero en este caso es urgente (sin que se note) saber lo que ocurre con el alumno 3, el 6 y la alumna 7. En adelante será necesario y conveniente contar con el departamento de orientación, los PTSCs e informar al equipo directivo (como máximo responsable de la comunidad educativa) para que coordine las actuaciones y busque los apoyos.
2- Entrevista con las familias de los alumnos rechazados. Es necesario pedir su colaboración para que hagan llegar al centro (de forma discreta) las cosas que cuentan y que puedan servir para conocerles mejor y trabajar la convivencia en el grupo. No menos importante es que comprendan que en los casos de trastornos, más aún cuando puedan estar informados, es absolutamente necesario que el centro lo conozca para que, tratando esta información con la confidencialidad necesaria, podamos ser eficaces en la ayuda a sus hijos. No es la primera vez que algunos padres esconden información en la creencia de que así protegen a sus hijos. Deben colaborar con el centro para trabajar en la misma línea.
3- Reunión de dirección, orientación y profesores del grupo. Aunque no ha salido a la luz una figura clara de acosador, parece innegable que hay problemas del grupo con el alumno 3 (y potencialmente con el 6 y 7). Una vez acotado se pondrá en conocimiento de los profesores del grupo para poder trabajar en la misma línea y solucionar los problemas antes de que se agraven. Se propondrán actividades de trabajo en grupo e individuales.
4- Medidas organizativas y participativas. Puede ser un buen recurso rotar las posiciones en la clase de forma periódica para que todos se vayan conociendo mejor puedan prescindir de posibles prejuicios. Es necesario que vean como suya el aula y que un buen funcionamiento les ayudará a aprender y sentirse mejor. Para ello deben colaborar en creación de normas propias que asuman y respeten viéndolas como un acuerdo y no como una imposición.
5- Trabajo con el alumno 3 (por extensión con el 6 y 7). Enseñar al alumno a mejorar sus habilidades sociales, controlar sus emociones (sus ganas de discutir), su forma de decir las cosas, pensar antes de hablar o actuar y pedir ayuda cuando la necesite. Debemos transmitirle que puede contar con nosotros.
6- Trabajo con los alumnos pro-sociales. Será necesario contar con su colaboración para mediar con el grupo, acompañar y ayudar a los alumnos en riesgo de acoso en el aula, en el patio…, y ser los primeros en cambiar el grupo desde dentro. Cuando la ayuda es entre iguales resulta mejor acogida por la cercanía con sus compañeros y goza de más credibilidad al encontrarse en situaciones y vivir experiencias parecidas. En mi centro ha tenido bastante éxito en la prevención del ciberacoso la actividad de cibermentores, donde alumnos de 4º de ESO explican a sus compañeros los riesgos de las redes sociales, las medidas para el buen uso y las consecuencias de un uso negligente contado, a veces, en primera persona desde una experiencia propia.
7- Talleres para padres. Siempre es necesario contar con el apoyo familiar para que el trabajo en el centro no sea baldío. En nuestro centro el AMPA ha llevado a cabo iniciativas, coordinadas con el departamento de orientación, encaminadas a informar y formar a los padres en ciertos temas que afectan directamente a la convivencia escolar, teniendo una capacidad de convocatoria y un eco notables. Aún así es muy difícil llegar a todos por diversos motivos, siendo uno de ellos el horario laboral. Para mejorar esto una iniciativa positiva ha sido facilitar, a través de un blog, todo tipo de información relevante sobre convocatorias, acuerdos tomados en reuniones de padres o en el Consejo Escolar del centro, para dar a conocer el funcionamiento del mismo, así como recibir sugerencias para trabajar en la mejora del mismo.
8- Aplicación del RRI. Sin perjuicio de todo lo anterior, las conductas agresivas deben ser cortadas de forma inmediata por el perjuicio que supone a los alumnos de forma individual y al grupo. Las medidas correctoras del reglamento deben contribuir a educar al alumno y reparar el daño. Un caso típico es cuando un alumno se porta mal porque desea ser expulsado para no tener que venir al centro. Si se procede con esta medida sin un análisis adecuado se convierte en un premio más que en una sanción (el alumno piensa que ha conseguido su objetivo), y así se potencia indirectamente estas actitudes.
El orden de estos puntos podría ser distinto pero hay que acometerlos todos de forma que la información sobre el problema se complemente y ayude a avanzar en la toma de decisiones para su solución
Medidas para llevar a cabo el seguimiento. Este seguimiento se puede hacer en distintos ámbitos para evaluar la eficacia de la intervención con los alumnos de forma individual, con el grupo, con las familias y con el equipo docente.
1- Con los alumnos. Si hemos establecido canales de comunicación para conocer los problemas, podemos saber si confían en ellos por el número de veces que se han usado semanal o mensualmente. Esto debe ser contrastado con el clima del aula o del grupo (incluyendo patios) ya que si hay menos problemas también habrá menos uso y ello no significará una desconfianza. Otro indicador puede ser el número de sanciones que se haya puesto mensualmente en el grupo y los motivos de las mismas.
2- Con el grupo. Dedicar unos minutos (o toda la hora si fuera necesario) de la tutoría semanal para tomar el pulso pidiéndoles opinión sobre los problemas que hayan podido observar, pedirles ideas para solucionarlos (a veces nos pueden sorprender) o iniciativas que puedan resultar interesantes. Se trata de que se sientan escuchados y artífices de su convivencia. En la medida que esto se pueda hacer en voz alta (no por escrito) significará que hay menos miedo a expresar sus ideas o problemas y se reduce el temor a ser rechazado o ridiculizado (habrá más respeto). Se puede volver a pasar un test pero no debe abusarse de ello para evitar que se convierta en rutina y pierda importancia. Podría hacerse a mitad de curso para detectar aquello que aún no se ha corregido lo suficiente. No podemos obligar a dos alumnos para que sean amigos, pero en el caso de rechazo será indicativo el motivo del mismo. Por ejemplo, si ha cambiado la expresión “no lo aguanto, me da asco estar con él y siento ganas de partirle la cara” por “no me entiendo muy bien con él”, habremos avanzado mucho.
Por otro lado, la información que nos puedan facilitar los alumnos pro-sociales en su tarea de ayuda entre iguales será de gran valor para saber cómo se sienten los alumnos y cuál es su relación con el grupo. De su compromiso se espera una información veraz que nos deben facilitar en privado.
3- Con las familias. En el caso de los alumnos rechazados los cambios pueden no ser inmediatos. Una comunicación mensual del tutor con los padres (presencial o por teléfono) nos dará pistas sobre lo que cuenta el alumno en casa, cómo se siente, si está más contento y cuenta las cosas que ha hecho con los compañeros. También sabremos la impresión de los padres, su opinión sobre las medidas que está adoptando el centro y cómo contribuyen en casa, o no, a la labor educadora que se desarrolla con su hijo/a. Las comunicaciones podrían ser más frecuentes pero, si hay motivo justificado para ello, puede suponer que las medidas no están funcionando como se esperaba.
4- Con el equipo docente. Una breve reunión semanal (unos minutos en un recreo) para cambiar primeras impresiones sobre el clima en el aula en cada materia puede servir para comprobar si la situación ha mejorado algo o al menos no ha empeorado (puede llevar tiempo apreciar cambios). Otra reunión mensual con el departamento de orientación y dirección puede servir para analizarlo más en profundidad y acordar otras medidas si fuera necesario.
Hasta aquí mi análisis del caso y propuestas de actuación. Siento haberme extendido tanto en el afán de aportar argumentos. No soy experto en la materia. Imparto clase en ciclos de Grado Superior, los problemas son ligeramente distintos, se presentan de otra forma y los alumnos se encuentran en otra etapa de madurez. No obstante llevo en la educación desde 1987 y he tenido alumnos a partir de 15 y 16 años de edad. En la actualidad la media de edad de los alumnos de mi grupo es 24 años.

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