viernes, 2 de diciembre de 2016

Módulo 4 ( Actividad final)

PROYECTO FINAL.

Si en el módulo 2 analizamos un caso  intentando dar ideas para su solución, ahora toca “poner el cascabel al gato” y  concretar medidas que sean de aplicación a nuestro centro indicando los pasos necesarios para conseguirlo.

En su momento elegí el caso 4 porque me parecía muy importante la detección temprana (sobre todo en un centro como el mío). En resumen, se trata de un alumno (el nº 3) que está sufriendo rechazo y descalificación, aunque las acciones de violencia física y ciberacoso no se estén produciendo con mucha frecuencia, siendo un probable motivo sus diferencias respecto a los demás. Solo tiene un amigo y no está integrado en ningún grupo. La edad media es de 15 años, por lo que se deduce que son alumnos de 4ºESO.
 Se propusieron varias medidas encaminadas a encontrar el origen del rechazo, realizar actividades que ayuden a conocerse y ser tolerantes, implicar a todos los sectores de la comunidad educativa y hacer un seguimiento individual y colectivo con los alumnos, seguimiento con las familias y con el equipo docente, todo ello con actividades y actuaciones claras. Es difícil resumir en pocas líneas pero se puede volver a consultar la propuesta en la correspondiente entrada del blog para el módulo 2.
En el módulo 3 hemos visto muchas medidas educativas y organizativas, proyectos para entradas y salidas (del aula y del centro), proyectos de patio y de comedor etc… Por último, como innovación metodológica, hemos descubierto muchos tipos de metodologías activas en el aula. En la entrada correspondiente del blog ya he reflejado una elección de forma justificada que de nuevo recuperaremos en relación a este caso 4.

Las características del centro más destacables que guardan relación con el supuesto de detección temprana son:
-          El tamaño de los patios es inmenso, por lo que resulta muy complicado a los pocos profesores de guardia disponibles en los recreos, estar atentos a todas las incidencias para detectar situaciones de violencia o de aislamiento. Si a todo esto sumamos la confluencia de gran número de alumnos de distintas etapas educativas, se hace indispensable la colaboración de los propios alumnos (alumnos-tutor, alumno acompañante…) y mecanismos para la recogida de información.
-          La longitud de los pasillos también es descomunal y hay hasta cuatro edificios dentro del mismo recinto escolar, aunque no es habitual que un profesor vaya a más de dos el mismo día. Esto hace inevitable que la demora entre clases sea algo superior a la de otros centros más pequeños dando lugar a momentos propicios para la aparición de conductas no deseables.
-          Tenemos alumnos de hasta 35 nacionalidades, distintas razas y religiones, en definitiva distintas culturas, por lo que hay un terreno abonado para que se hagan notar las diferencias. Son más numerosos los alumnos procedentes de los países de Europa del este, América latina y norte y noroeste de África. No obstante, son alumnos que llevan tiempo en España y se expresan con fluidez en nuestro idioma.
-          Los auxiliares de control proceden, en su mayoría, de cuerpos a extinguir de las antiguas universidades laborales, y la política de amortización de plazas hace que cada vez sean menos para cubrir un área más extensa dificultando su labor. Es casi imposible llegar a todos los rincones.
Se podrían dar más detalles, pero creo que queda suficientemente claro que existe gran diversidad de culturas y necesidades educativas, así como momentos en los que las relaciones (buenas o malas) pueden surgir sin la presencia de un adulto. Por tanto, cobran vital importancia todas las acciones de prevención, formación en valores y tolerancia, y todas las herramientas a nuestro alcance para conocer a los individuos y grupos de forma que permitan una detección precoz de situaciones de riesgo.

En cuanto a las medidas organizativas no se puede coger sólo una pues todas se complementan según la situación y necesidades. En este sentido nuestro Plan de Convivencia, aunque siempre se puede mejorar, recoge desde hace tiempo bastantes actuaciones para educar en valores, prevenir el acoso, solucionar conflictos y corregir las conductas negativas incluyendo las sanciones como forma de enseñar al alumno la responsabilidad sobre sus actos y consecuencias. Veamos unas breves pinceladas:
-       -   Se trabaja con la distribución horaria y el agrupamiento de alumnos
-      -    Reunión semanal de tutores con orientación y jefatura de estudios
-     -     Reunión de principio de curso con todos los profesores (por jefaturas ESO, bachillerato y FP) para explicar acuerdos sobre convivencia y funcionamiento del centro.
-      -    Mejora del ambiente y decoración del centro (diversos concurso de departamentos, dibujo etc…)
-      -    Colaboración del alumnado en el uso del tablón de aula
-      -    Organización de juegos y torneos deportivos en el patio (1º ESO)
-      -    Incrementar vías de comunicación y participación (actualmente correo, web y twitter)
-      -    Actividades del plan de acción tutorial (PAT) orientadas a mejorar la convivencia (distintas charlas y talleres para alumnos y padres)
-     -     Actividades formativas para el profesorado (metodológicas y TIC)
-      -    Actividades de acogida al profesorado nuevo
-     -   Actividades de acogida al alumnado
-    -      Reconocimiento de méritos. Actos de graduación.
-     -     Mejorar control de absentismo y comunicación con las familias (SMS, agenda, tlf.)
-     -     Colaboración con los servicios sociales y otras instituciones.
-     -     Potenciar el papel del  APA en actividades extracurriculares.
-     -     En el caso de alumnos reincidentes en indisciplina, participantes en procesos de acoso o grupos que necesitan mejorar su convivencia se aplican tres fases (con tareas individuales y colectivas) que consisten en la DETECCIÓN DE NECESIDADES, INTERVENCIÓN (con actividades individuales y colectivas educadoras) y SANCIÓN (con realización de tareas educadoras), todo ello con un alto grado de implicación del departamento de orientación.

Todo esto se está trabajando desde hace bastante tiempo con buenos resultados en la mejora de la convivencia, condición indispensable para prevenir la aparición de casos de acoso. A pesar de ello, hemos tenido algún caso de ciberacoso. Entonces te preguntas ¿en qué hemos fallado? Que aparezca algún caso no significa que vayamos por mal camino, y menos cuando se trabaja en un centro con 2659 alumnos.
 Recientemente hemos participado en el programa “Cibermentores” con muy buena acogida por parte de los alumnos. Experiencias como esta sirven de referencia para plantearse algunas cosas y, sin renunciar a lo que funciona, explorar iniciativas nuevas que sirvan para seguir mejorando y no caer en el conformismo.
        Dado el caso que nos ocupa, las características de nuestro centro, la aportación de nuestro plan de convivencia en estas situaciones, la experiencia acumulada, las nuevas metodologías que hemos visto, el excelente funcionamiento del departamento de orientación y las ganas de seguir mejorando…, quizá sea el momento de aumentar el uso de metodologías activas en el aula e incrementar el “apoyo entre iguales”.

Para desarrollar el plan de actuación ante casos de rechazo o riesgo de acoso me he decidido por el “APRENDIZAJE COOPERATIVO”, pero no de forma gratuita. Para evitar el rechazo del alumno 3 (o cualquier otro) es necesario realizar actividades en este sentido, de forma que todos se fijen más en la capacidad y aportación de los compañeros al aprendizaje mutuo, que en las posibles diferencias (de cualquier tipo). Se trata de que se conozcan y valoren mejor a sí mismos y a los demás.
No he elegido la metodología inversa (Flipped Classroom) porque no todos los alumnos tienen acceso fácil a los recursos para búsqueda de información. Un sector apreciable tiene auténticos problemas para “acabar el mes” en la ciudad de Alcalá de Henares donde la crisis ha golpeado con dureza perdiendo gran parte del tejido industrial. Esto no significa que no se pueda aplicar en algunas enseñanzas de las disponibles en el centro.
Tampoco he elegido el “aprendizaje servicio” porque antes hay que realizar un arduo trabajo con toda la comunidad educativa para concienciar sobre el entorno que nos rodea, aprender a ver sus necesidades, y generar confianza participando en diversas iniciativas para que los sectores o colectivos necesitados nos pidan ayuda o estén receptivos a un ofrecimiento nuestro de colaboración y servicio.
También están “el aprendizaje basado en problemas” y el “aprendizaje basado en proyectos”, pero sólo necesitamos comenzar con dinámica de grupos y mejorar habilidades sociales, sin tener que apartarnos demasiado de los currículums de las enseñanzas que en el momento actual muchos padres miran con lupa buscando la mejor capacitación académica y profesional para sus hijos. Queremos darles esa capacitación y además un generoso regalo (LA EDUCACIÓN) para el que vamos a solicitar su colaboración.
Uno de los problemas de un centro grande es que su “inercia” también lo es. Nos ha costado más de veinte años estar como estamos y puede que nos pase lo mismo para aplicar cambios importantes. Por eso lo mejor es pasar a la acción.

PLAN DE ACTUACIÓN
Partimos de la base que, en aplicación de las medidas que vienen funcionando, hemos creado el grupo de cuarto de ESO mezclando los procedentes de tercero según diversos criterios, pero siempre evitando poner en el mismo a alumnos con actitudes "irreconciliables" (no me gusta mucho esta palabreja).

FASE 1. FORMACIÓN EN VALORES. PREVENCIÓN.
        Medidas de puesta en marcha:
1-      Los profesores.
Es el equipo directivo el que debe liderar y proponer los cambios contando con toda la comunidad educativa. Para ello, el jefe de estudios, orientación y equipo docente se reúnen para conocer los antecedentes de alumnos potenciales en generar o sufrir problemas. Se acuerdan medidas de gestión de aula en función de la metodología a emplear (aprendizaje cooperativo, por ejemplo), conveniencia de mantener o no los grupos de trabajo por materias, coincidencia de roles para asignar a los alumnos como responsables de aula, establecimiento de una vía rápida de comunicación entre los miembros del equipo docente y equipo directivo, y pautas de control del grupo. Es importantísimo que den ejemplo de su trabajo en grupo como medida previa a enseñar esa dinámica a sus alumnos. No sólo que se sepa, sino que se vea. Que se note que hay acuerdo en las pautas de actuación ante las mismas situaciones de clase. ¡Ojo! Nuestro centro tiene más 90 grupos en total, por lo que el equipo directivo no puede tener materialmente esas mismas reuniones en la primera semana o antes del comienzo lectivo de las clases. Esta preparación exhaustiva se hará sólo como experiencia piloto en aquellos grupos considerados de riesgo.
2-      El personal no docente.
Los auxiliares deben conocer las peculiaridades de colocación del aula, recursos especiales (si los hubiera), avisar si la actividad de grupo comienza a molestar a otras clases, mantener el orden en los pasillos durante las mismas no permitiendo la deambulación de alumnos y también durante los cambios de clase impidiendo (o comunicando a jefatura, en su caso) la comisión de actos negligentes que puedan suponer daños a las personas, sus pertenencias o las instalaciones. Todas las aulas se cerrarán en el recreo, salvo que haya programada una actividad alternativa con un responsable.
3-      El grupo.
Junto con el tutor, acordarán las normas del aula desde el primer o el segundo día de clase. Será informado de la forma de trabajo y evaluación en cada materia y cómo afecta a la colocación del aula. Se nombrarán responsables rotativos de tareas de orden de la clase (mesas, tiza, borrar pizarra…). Realizará el test de Sociescuela (o similar) antes de la tercera semana. Los grupos de trabajo los hará el tutor desde la primera semana y se ajustarán en función de los resultados del test (aunque esto último no deben conocerlo de antemano). Elegirá a su delegado de forma ordenada y razonada durante el primer mes de clase.
4-      Los alumnos.
Deben participar todos en la elaboración de las normas que se van a comprometer a respetar (junto con el Reglamento de Régimen Interior), comunicar al personal del centro (profesores o no) las incidencias, velar por sus pertenencias y las de sus compañeros, aprender a trabajar en equipo (ahí va parte de su nota), escuchar, respetar los turnos de palabra en los trabajos de grupo o en clase, atender las indicaciones del profesor, preguntar las dudas sin miedo (van a ser escuchados). Algo muy importante, no solo tienen obligación de estudiar sino también de divertirse en el recreo (algo habrá que les guste hacer). Si hay recursos para ello y están organizados tendrán a su disposición juegos y torneos en este periodo.
5-      Las familias.
Durante el primer mes de clase se les convocará a una reunión en el centro (primero con el equipo directivo), donde se les informará de las características del currículo en el que han matriculado a sus hijos, itinerarios para la siguiente etapa educativa, funcionamiento del centro, cauces de comunicación, utilidad del área de seguimiento académico, y la importancia de colaborar con el centro para avanzar en el mismo sentido en la educación (no solo enseñanza) de sus hijos. A continuación, con el tutor, conocerán el aula, métodos de trabajo, normas de convivencia (las del centro y las redactadas por sus hijos), cómo se comunican las notas, incidencias, fechas de evaluación, uso de la agenda escolar, cómo pueden ayudar en casa y podrán plantear cuantas dudas surjan.
6-      El tutor.
Es la cadena de transmisión entre todas las partes (alumnos, grupo, familias, equipo docente, equipo directivo y, a través de este último, con el personal no docente). Debe ser un referente con capacidad para motivar a los alumnos, familias e incluso equipo docente, al tiempo que los coordina.
Su importantísima labor no siempre está bien reconocida. Me quedo con una frase que he visto durante el curso: “lo bueno también se contagia”.

El método

                Una vez acordado en qué materias se va a emplear aprendizaje cooperativo (¿por qué no en todas?), cada profesor debe preparar concienzudamente las actividades propuestas, objetivos y tiempos para que sean eficaces a la hora de ser realizadas por los grupos que hemos creado con la ayuda del test (Sociescuela u otro). Estos grupos deben ser heterogéneos, donde cada uno aporte según sus posibilidades y sea valorada su evolución. El trabajo en grupo debe servir además para conocerse, respetarse y ayudarse mutuamente a conseguir los objetivos. Una vez terminado, cada alumno expone una parte a la clase para practicar las habilidades comunicativas.
Para facilitar situaciones de autoaprendizaje es importante que los alumnos sepan qué se espera de ellos. Por este motivo, para que puedan organizarse será importante que sepan lo que se trabajará en la semana o en la sesión. No basta con indicar el tema, sino que se debe señalar cómo se va a realizar y qué producto se desea lograr. Puede ayudar el empleo de consignas:
-          ¿Qué tarea se debe realizar?
-          ¿Para qué?
-          ¿Cómo se tiene que hacer?
-          ¿Qué procedimiento se debe utilizar?
-          ¿En qué tiempo?
-          ¿Con qué recursos o elementos?
-          ¿Con quién se debe trabajar?
-          ¿Qué respuestas se esperan?

Se pueden consultar las características del aprendizaje cooperativo en el trabajo del módulo 3 colgado en el blog.

Durante todo el curso también se realizaran actividades propuestas por Orientación mediante el Plan de Acción Tutorial, encaminadas a trabajar con los alumnos, colectiva o individualmente, según las necesidades que se vayan detectando.

FASE 2. SEGUIMIENTO.
        Eficacia del método:
Partimos de la base de que el tutor y resto de equipo docente está permanentemente atento, observando el comportamiento de cada alumno en su grupo o grupos (cuando se rota), evaluando su progreso en habilidades sociales, valorando la calidad de los trabajos de grupo y la claridad de las exposiciones de cada uno. En esta metodología podemos hacer exámenes o autoevaluaciones individuales donde tanto el profesor como el alumno van a tener claro el grado de consecución de objetivos relacionados con el currículo. No sólo vamos a valorar la adquisición o construcción de conocimientos, sino también el desarrollo del alumno como persona en sociedad. Podemos tener algunos indicadores:
-          ¿Se terminan los trabajos a tiempo?
-          ¿Se han conseguido los objetivos previstos?
-          ¿Han colaborado todos? ¿Lo han hecho con entusiasmo?
-          ¿Se han ayudado frecuentemente?
-          ¿Están satisfechos los alumnos y sus familias?
Podrían ser más, pero lo importante es saber que el esfuerzo está mereciendo la pena. Aunque todo esto se puede ver una vez por evaluación, sería conveniente que cada profesor se detuviera a reflexionar sobre ello una vez al mes. Y un poco más allá del aprendizaje de los alumnos…, ¿he sido capaz de “contagiar” valores? También los profesores aprenden mucho durante este proceso.

Clima en la convivencia del grupo:
Se supone que la metodología activa elegida ha debido contribuir a disfrutar de buen clima en el aula y en otros espacios del centro educativo. Algunas formas de valorarlo pueden ser:
-          Reducción de conflictos entre alumnos dentro y fuera del aula.
-          Reducción de sanciones y gravedad de estas.
-          Reducción de desperfectos en el aula y pertenencias de sus ocupantes.
-          Se ayudan mutuamente ante agresiones externas.
-          Nadie juega solo.
-          El profesor ya no es mi enemigo, no me tiene manía, me ayuda a aprender y ser mejor.

Hacia mitad de curso (aproximadamente) sería conveniente pasar algún test parecido al primero (incluso el mismo), para ver qué preferencias han cambiado y si se detecta alguna situación de riesgo

FASE 3. INTERVENCIÓN.
        Todo va sobre ruedas
Lo deseable del seguimiento anterior es que todas las medidas hayan funcionado y no existan problemas graves (algún roce que otro siempre será inevitable, nos pasa a todos). En este caso podemos tomar iniciativas para contar nuestra experiencia a otros grupos (alumnos y profesores) y contagiar nuestro entusiasmo.
        Indicios de situación de riesgo
Si por el contrario, algo no va bien debemos intervenir cuanto antes pero sin generar alarma. Podemos emprender las acciones que ya puse con más detalle en el módulo 2 y que resumo ahora:
1-      Investigar los orígenes del rechazo o el problema concreto. La labor del tutor es importantísima.
2-      Entrevista con las familias de los alumnos rechazados y los agresores (por separado). Es necesario pedir su colaboración para que hagan llegar al centro (de forma discreta) las cosas que cuentan y que puedan servir para conocerles mejor y trabajar la convivencia en el grupo.
3-      Reunión de dirección, orientación y profesores del grupo. Se propondrán actividades de trabajo en grupo e individuales.
4-      Medidas organizativas y participativas. Volver a revisar la forma de trabajo en clase, disposición del aula y normas acordadas en grupo. También cualquier otra medida en función del tipo de problema.
5-      Trabajo con el alumno rechazado/acosado y los acosadores (por separado). Enseñar al alumno a mejorar sus habilidades sociales, controlar sus emociones, pensar antes de hablar o actuar y pedir ayuda cuando la necesite.
6-      Trabajo con los alumnos pro-sociales. Será necesario contar con su colaboración para mediar con el grupo, acompañar y ayudar a los alumnos en riesgo de acoso en el aula, en el patio…, y ser los primeros en cambiar el grupo desde dentro. Cuando la ayuda es entre iguales resulta mejor acogida por la cercanía con sus compañeros y goza de más credibilidad al encontrarse en situaciones y vivir experiencias parecidas.
7-      Talleres para padres. Siempre es necesario contar con el apoyo familiar para que el trabajo en el centro no sea baldío. En nuestro centro el AMPA ha llevado a cabo iniciativas, coordinadas con el departamento de orientación, encaminadas a informar y formar a los padres en ciertos temas que afectan directamente a la convivencia escolar.
Aplicación del RRI. Sin perjuicio de todo lo anterior, las conductas agresivas deben ser cortadas de forma inmediata por el perjuicio que supone a los alumnos de forma individual y al grupo. Las medidas correctoras del reglamento deben contribuir a educar al alumno y reparar el daño.

Será necesario hacer un seguimiento de las nuevas medidas adoptadas (también indicado en el segundo módulo) y podemos resumirlo así:
1-    Con los alumnos. Si hemos establecido canales de comunicación para conocer los problemas, podemos saber si confían en ellos por el número de veces que se han usado. Otro indicador puede ser el número de sanciones que se hayan puesto desde el inicio de estas medidas.
2-    Con el grupo. Dedicar unos minutos (o toda la hora si fuera necesario) de la tutoría semanal para tomar el pulso pidiéndoles opinión sobre los problemas que hayan podido observar, pedirles ideas para solucionarlos (a veces nos pueden sorprender) o iniciativas que puedan resultar interesantes. Por otro lado, la información que nos puedan facilitar los alumnos pro-sociales en su tarea de ayuda entre iguales será de gran valor para saber cómo se sienten los alumnos y cuál es su relación con el grupo. De su compromiso se espera una información veraz que nos deben facilitar en privado.
3-    Con las familias de los agresores y las víctimas. Una comunicación mensual del tutor con los padres (presencial o por teléfono) nos dará pistas sobre lo que cuenta el alumno en casa, cómo se siente y si han apreciado cambios.
4-    Con el equipo docente. Una breve reunión semanal (unos minutos en un recreo) para cambiar primeras impresiones sobre el clima en el aula en cada materia puede servir para comprobar si la situación ha mejorado algo o al menos no ha empeorado (puede llevar tiempo apreciar cambios). Otra reunión mensual con el departamento de orientación y dirección puede servir para analizarlo

FASE 4. EVALUACIÓN Y CONCLUSIONES.
        Es la última tarea del curso. Se trata de valorar todo lo que se ha hecho y adoptar acuerdos para mejorarlo el curso siguiente, ampliar la experiencia y solicitar los recursos necesarios. Un formulario al efecto sobre objetivos, actuaciones y resultados nos puede ayudar a reflexionar y organizar toda la información.
Parece que falta algo. ¿Qué hacer si en lugar de situación de riesgo se constata un caso de acoso? Sin perjuicio de todo lo anterior, que sigue siendo válido, aplicaremos el Protocolo de Inspección (que todos tenemos) para que, de una forma ordenada, trabajando con información contrastada, cada parte asuma su responsabilidad y cada autoridad competente ejerza su función para corregir la situación y amparar a la víctima.

Aunque hemos trabajado sobre un supuesto, estas cosas pasan y espero que la propuesta sea útil.

Módulo 2 ( caso 4)

Reflexión sobre los casos expuestos en el módulo 2
Una vez leídos los cuatro casos propuestos y toda la documentación que he podido, he de reconocer que hay muchas cosas que se me escapan, sobre todo cuando se habla de estudios sociométricos y demás. Entiendo que la herramienta debería ser algo flexible que cada uno configurase según su situación para hacerla más efectiva. Por ejemplo, la pregunta sobre la elección de compañero de mesa habría que adaptarla o cambiarla si la metodología didáctica utilizada en cuanto a la organización del aula es otra distinta (mesas individuales, o dispuestas en círculo para trabajo en grupo o debate…). Me llama también la atención en los dos primeros casos (víctima pasiva y víctima activa) que los informes dicen prácticamente lo mismo y aplican la misma receta (con mínimas diferencias respecto a la actitud del acosado), buscando siempre evitar las ocasiones en las que el acosador crea sentirse impune (evitar ir solos por sitios poco frecuentados…).
He elegido el caso 4 por la importancia que tiene detectar a tiempo una situación de riesgo para trabajar en su prevención y solución, y porque supone un reto para mí intentar comprender la información que facilita el sociograma.
ANÁLISIS DEL CASO 4 DEL MÓDULO 2 (DETECCIÓN TEMPRANA)
Breve descripción del problema.  La dificultad en este caso está en determinar si se trata de acoso, atendiendo a los tres criterios básicos (reiteración, intencionalidad y desequilibrio de poder), o si puede derivar en él. Estamos partiendo de los resultados de un test en el que tres alumnos (testigos) indican que un compañero puede estar siendo acosado. En la página 1 el informe ya advierte que la información obtenida es orientativa y debe ser contrastada. Sin embargo, el hecho de que tres testigos señalen los problemas del grupo hacia uno de sus compañeros es lo suficientemente serio para que, de una forma discreta, se comience con el protocolo de inspección educativa para averiguar primero el alcance e intervenir después.
Echo de menos parte del informe que dice haber un testigo de otro posible caso pero en la documentación no aparece por ningún lado.
Situación de la clase y sus alumnos.  En un grupo de 31 alumnos con un 45% de chicas y una edad media de 15 años (probablemente 4ºESO) dicen sentirse bien, con bastantes amigos, pero reconocen que hay algunos conflictos en clase y que la falta de cierta tranquilidad y orden hace algo difícil estudiar. Todo esto, aunque parecen ser datos estadísticos fríos, sin importancia aparente por resultar desgraciadamente cotidianos, nos está diciendo que hay cosas que mejorar en el clima del aula para que el estudio sea placenteramente posible. La edad nos indica que llevan varios años en educación secundaria y se ha debido tener la oportunidad de trabajar con ellos distintos programas de prevención y de mejora de la convivencia. El que casi la mitad sean chicas, si miramos estadísticamente los comportamientos en situaciones de acoso, nos hace suponer que hay la misma probabilidad de encontrarnos tanto violencia física, como otras conductas de rechazo más elaboradas. No obstante, debemos mirar con optimismo que cinco alumnos son considerados por sus compañeros como los referentes amables y respetuosos que ayudan a los demás (pro-sociales), siendo tres de ellos chicas. Para aplicar actividades de ayuda entre iguales van a resultar muy necesarios en el grupo (aunque no debe ser exclusivo de ellos) y será suficiente con que cada uno ejerza una influencia positiva sobre seis compañeros.
Por otro lado tenemos la situación del compañero señalado como posible víctima (aunque no se facilita autoinforme) donde, en opinión de los tres testigos, muy pocas veces ha sufrido maltrato físico, pocas veces ha sido insultado, intimidado o molestado en persona o por medio de las TIC, y alguna vez más sí que es más notorio el rechazo, aislamiento y que hablen mal de él (el alumno 3). También en su opinión le ven con un solo amigo, problemas para defenderse, discutiendo bastante aunque no le gusta mucho llamar la atención, y lleva todo esto un poco mal. Lo ven bastante diferente, poco tranquilo y algo tímido. Ante esto último es fácil pensar en la posibilidad que pueda haber algún tipo de trastorno (TDAH) que habrá que comprobar, y que esta diferencia pueda estar (entre otras cosas) en el origen del conflicto.
Aunque no hay gran número de conductas agresivas, el rechazo (que siempre es intencionado) sumado a la apreciación de unas diferencias donde, en función de la autoestima (que no se proporciona en el sociograma), pueden suponer un desequilibrio de poder o de posición dentro del grupo, nos hace pensar en el acoso como una posibilidad real.
A continuación pongo la gráfica para tener a la vista más aspectos que me llaman la atención.

El alumno 6 (que no está incluido en ningún subgrupo), y la alumna 7 (que si lo está) tienen mayor rechazo que el alumno 3 y no han sido señalados; ¿Quizá por no ser tan distintos como el alumno 3? Para mi están también en riesgo potencial.
Propuesta de intervención.  Partiendo de la base de que todos somos distintos, el hecho de que se hayan fijado en la diferencia del alumno 3 puede indicar que hay algún aspecto físico o de su personalidad que llama mucho la atención y por tanto habría que comenzar por ahí.
1-      Investigar los orígenes del rechazo. La labor del tutor es importantísima. Debe interesarse por las necesidades, aspiraciones y problemas de sus alumnos ganándose su confianza para que se sientan su cercanía y se atrevan a pedir ayuda o consejo. Hay que buscar momentos para hablar con ellos, hacer actividades en tutoría encaminadas a conocerse, trabajar la empatía, tolerancia, no prejuzgar… Debe hacerse con todos, pero en este caso es urgente (sin que se note) saber lo que ocurre con el alumno 3, el 6 y la alumna 7. En adelante será necesario y conveniente contar con el departamento de orientación, los PTSCs e informar al equipo directivo (como máximo responsable de la comunidad educativa) para que coordine las actuaciones y busque los apoyos.
2-      Entrevista con las familias de los alumnos rechazados. Es necesario pedir su colaboración para que hagan llegar al centro (de forma discreta) las cosas que cuentan y que puedan servir para conocerles mejor y trabajar la convivencia en el grupo. No menos importante es que comprendan que en los casos de trastornos, más aún cuando puedan estar informados, es absolutamente necesario que el centro lo conozca para que, tratando esta información con la confidencialidad necesaria, podamos ser eficaces en la ayuda a sus hijos. No es la primera vez que algunos padres esconden información en la creencia de que así protegen a sus hijos. Deben colaborar con el centro para trabajar en la misma línea.
3-      Reunión de dirección, orientación y profesores del grupo. Aunque no ha salido a la luz una figura clara de acosador, parece innegable que hay problemas del grupo con el alumno 3 (y potencialmente con el 6 y 7). Una vez acotado se pondrá en conocimiento de los profesores del grupo para poder trabajar en la misma línea y solucionar los problemas antes de que se agraven. Se propondrán actividades de trabajo en grupo e individuales.
4-      Medidas organizativas y participativas. Puede ser un buen recurso rotar las posiciones en la clase de forma periódica para que todos se vayan conociendo mejor puedan prescindir de posibles prejuicios. Es necesario que vean como suya el aula y que un buen funcionamiento les ayudará a aprender y sentirse mejor. Para ello deben colaborar en creación de normas propias que asuman y respeten viéndolas como un acuerdo y no como una imposición.
5-      Trabajo con el alumno 3 (por extensión con el 6 y 7). Enseñar al alumno a mejorar sus habilidades sociales, controlar sus emociones (sus ganas de discutir), su forma de decir las cosas, pensar antes de hablar o actuar y pedir ayuda cuando la necesite. Debemos transmitirle que puede contar con nosotros.
6-      Trabajo con los alumnos pro-sociales. Será necesario contar con su colaboración para mediar con el grupo, acompañar y ayudar a los alumnos en riesgo de acoso en el aula, en el patio…, y ser los primeros en cambiar el grupo desde dentro. Cuando la ayuda es entre iguales resulta mejor acogida por la cercanía con sus compañeros y goza de más credibilidad al encontrarse en situaciones y vivir experiencias parecidas. En mi centro ha tenido bastante éxito en la prevención del ciberacoso la actividad de cibermentores, donde alumnos de 4º de ESO explican a sus compañeros los riesgos de las redes sociales, las medidas para el buen uso y las consecuencias de un uso negligente contado, a veces, en primera persona desde una experiencia propia.
7-      Talleres para padres. Siempre es necesario contar con el apoyo familiar para que el trabajo en el centro no sea baldío. En nuestro centro el AMPA ha llevado a cabo iniciativas, coordinadas con el departamento de orientación, encaminadas a informar y formar a los padres en ciertos temas que afectan directamente a la convivencia escolar, teniendo una capacidad de convocatoria y un eco notables. Aún así es muy difícil llegar a todos por diversos motivos, siendo uno de ellos el horario laboral. Para mejorar esto una iniciativa positiva ha sido facilitar, a través de un blog, todo tipo de información relevante sobre convocatorias, acuerdos tomados en reuniones de padres o en el Consejo Escolar del centro, para dar a conocer el funcionamiento del mismo, así como recibir sugerencias para trabajar en la mejora del mismo.
8-      Aplicación del RRI. Sin perjuicio de todo lo anterior, las conductas agresivas deben ser cortadas de forma inmediata por el perjuicio que supone a los alumnos de forma individual y al grupo. Las medidas correctoras del reglamento deben contribuir a educar al alumno y reparar el daño. Un caso típico es cuando un alumno se porta mal porque desea ser expulsado para no tener que venir al centro. Si se procede con esta medida sin un análisis adecuado se convierte en un premio más que en una sanción (el alumno piensa que ha conseguido su objetivo), y así se potencia indirectamente estas actitudes.
El orden de estos puntos podría ser distinto pero hay que acometerlos todos de forma que la información sobre el problema se complemente y ayude a avanzar en la toma de decisiones para su solución
Medidas para llevar a cabo el seguimiento.  Este seguimiento se puede hacer en distintos ámbitos para evaluar la eficacia de la intervención con los alumnos de forma individual, con el grupo, con las familias y con el equipo docente.
1-      Con los alumnos. Si hemos establecido canales de comunicación para conocer los problemas, podemos saber si confían en ellos por el número de veces que se han usado semanal o mensualmente. Esto debe ser contrastado con el clima del aula o del grupo (incluyendo patios) ya que si hay menos problemas también habrá menos uso y ello no significará una desconfianza. Otro indicador puede ser el número de sanciones que se haya puesto mensualmente en el grupo y los motivos de las mismas.
2-      Con el grupo. Dedicar unos minutos (o toda la hora si fuera necesario) de la tutoría semanal para tomar el pulso pidiéndoles opinión sobre los problemas que hayan podido observar, pedirles ideas para solucionarlos (a veces nos pueden sorprender) o iniciativas que puedan resultar interesantes. Se trata de que se sientan escuchados y artífices de su convivencia. En la medida que esto se pueda hacer en voz alta (no por escrito) significará que hay menos miedo a expresar sus ideas o problemas y se reduce el temor a ser rechazado o ridiculizado (habrá más respeto). Se puede volver a pasar un test pero no debe abusarse de ello para evitar que se convierta en rutina y pierda importancia. Podría hacerse a mitad de curso para detectar aquello que aún no se ha corregido lo suficiente. No podemos obligar a dos alumnos para que sean amigos, pero en el caso de rechazo será indicativo el motivo del mismo. Por ejemplo, si ha cambiado la expresión “no lo aguanto, me da asco estar con él y siento ganas de partirle la cara” por “no me entiendo muy  bien con él”, habremos avanzado mucho.
Por otro lado, la información que nos puedan facilitar los alumnos pro-sociales en su tarea de ayuda entre iguales será de gran valor para saber cómo se sienten los alumnos y cuál es su relación con el grupo. De su compromiso se espera una información veraz que nos deben facilitar en privado.
3-      Con las familias. En el caso de los alumnos rechazados los cambios pueden no ser inmediatos. Una comunicación mensual del tutor con los padres (presencial o por teléfono) nos dará pistas sobre lo que cuenta el alumno en casa, cómo se siente, si está más contento y cuenta las cosas que ha hecho con los compañeros. También sabremos la impresión de los padres, su opinión sobre las medidas que está adoptando el centro y cómo contribuyen en casa, o no, a la labor educadora que se desarrolla con su hijo/a. Las comunicaciones podrían ser más frecuentes pero, si hay motivo justificado para ello, puede suponer que las medidas no están funcionando como se esperaba.
4-      Con el equipo docente. Una breve reunión semanal (unos minutos en un recreo) para cambiar primeras impresiones sobre el clima en el aula en cada materia puede servir para comprobar si la situación ha mejorado algo o al menos no ha empeorado (puede llevar tiempo apreciar cambios). Otra reunión mensual con el departamento de orientación y dirección puede servir para analizarlo más en profundidad y acordar otras medidas si fuera necesario.

Hasta aquí mi análisis del caso y propuestas de actuación. Siento haberme extendido tanto en el afán de aportar argumentos. No soy experto en la materia. Imparto clase en ciclos de Grado Superior, los problemas son ligeramente distintos, se presentan de otra forma y los alumnos se encuentran en otra etapa de madurez. No obstante llevo en la educación desde 1987 y he tenido alumnos a partir de 15 y 16 años de edad. En la actualidad la media de edad de los alumnos de mi grupo es 24 años.